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No sé porqué extraña razón, siendo la última de cuatro hermanos, (todos nacidos en salas de hospitales), mi madre decidió, que aquella pequeña casa sería la receptora de mi natalicio.
Aquellas descoloridas paredes, testificaron también, la variable felicidad de mi niñez, de juegos ocurrentes, de sueños tangibles, que hoy, no mezquino en esfuerzos para poder recordar. Hubo un pasadizo cronológico, que marcó mi actual y reciente vida de escritora:
Creo que tenía once o doce años, escasa existencia para aventurar mi futuro, sin embargo, algo sucedió aquel verano, que enlazaría por una singular analogía, aquella experiencia con el presente día.
Dormir la siesta, no era solo una costumbre, era una soberana orden, que figuraba en el estatuto matriarcal, el cual no cedía jamás, ante mi anarquismo rebuscado.
Aquella tarde, a desgano y resignada, dejé caer mi humanidad sobre el viejo colchón de lana, el calor era insoportable, pero más lo era aquella mosca cargosa, que lo único que hacía, era repetir en forma incompleta, la última letra del abecedario, sobre mi torturado oído.
Refunfuñando, ladeé la cabeza hacia la pared, con la esperanza de que el dios Morfeo, se apiade de aquel diurno desvelo, pero como no era un dios piadoso, mis ojos, como el dos de oro, permanecían fijos sobre aquella descolorida pared.
Entonces, como un manto mágico, que antes no había advertido, la vi allí, "la mancha de humedad", se extendía sobre el muro, insinuante y amorfa, con dimensiones múltiples. Era un planeta que me ofrecía una vida nueva en aquella odiosa siesta.
Se levantaban castillos con puentes levadizos, afuera los rebeldes querían entrar. Se desvanecía esa escena, y emergía un bosque frondoso, con animales fabulosos, que jamás serían reconocido por la zoología.
Los personajes me incluían sin previo casting ni ensayo.
Desde entonces, la siesta había tomado otro sentido, sólo esperaba el momento de encontrarme con la mancha que era mía, solo mía, al menos eso pensé en aquel verano.
Una tarde, regresaba del paseo dominguero que solíamos hacer con mamá, a lo de la tía Marta. Ya al llegar a la ante puerta, me recibió un nufasto y vacío tacho de pintua, que esgrimía desde su interior, una abominable brocha a manera de mercenario con su fusil en alto.
"¡Hay Dios, hay Dios mío... que no sea.. que no sea lo que pienso!". Y era nomás. Nobien entré a la habitación encontré la pared totalmente pintada, en una sola tarde, y bastó un solo mísero tacho y una brocha casi calva, para que mi mundo fuera borrado de un pincelazo.
La mano ejecutora fue la de mi padre, que no salía de su asombro, al escuchar mi grito acusador.
Viví mi duelo como pude, la siestas volvieron a embargarme con su tedio. Fijaba la mirada en aquella pared celeste aguada que pretendía ser azul, con la esperanza de que la "mancha de humedad" reapareciera. Pero nada, la mancha que me había acompañado aquel denso verano, se marchó para siempre.
Sonaron las campanas escolares de marzo, el regreso a la escuela, era una buena oportunidad, para echar un manto de olvido.
Primera hora, la clase de lenguas, la señorita Nidia parada enfrente del aula con un libro en las manos. Yo, por ser la más "largirucha" (alta), depositaba mi huesuda anatomía en el último pupitre, lo que impedía distinguir el título del libro.
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Con su acento señorial, que caracterizaba a las docentes de entonces, nos dijo: "Alumnos, este año vamos a leer a una gran autora, que se llama Juana de Ibarbourou, El libro lleva por título "Chico Carlo", y comenzaremos por este cuento que se llama La Mancha de Humedad".
"¿¡Qué?,-exclamó mi pensamiento- ¿Escuché bien?, ¿O será el recuerdo de la mancha me persigue, porque no quiere que la olvide?".
Pero la señorita Nidia en su inmensa sabiduría, me explicó, que en realidad Juana de Ibarborou, me estaba dejando un legado, su amor por la literatura.
Así comenzaron mis primeros escritos, pasarían más de tres décadas para canalizar mi profundo amor por este arte.
Mi primer libro publicado, LOS ESTADOS UNIDOS DE LATINOAMERICA (El Despertar de una Gran Nación). (ver críticas)., me ha llenado de satisfacciones y encuentros con alumnos del segundo y tercer ciclo para su análisis y estudio.
Tengo el orgullo de pertenecer al Congreso anfictionico Bolivariano que proclama la unidad de Latinoamérica y el Caribe.
Y en este camino de continuos recuerdos mi orgullo se extiende al forma parte de un grupo solidario deniominados Los Salieris De León Gieco, con quienes comparto la ideología que juntos podemos construir una patria mejor.
La literatura tambièn es un instrumento para mejorar el presentes y encausar el futuro.
Para comunicarse con el autora puede enviar un mail a
blanca2030@hotmail.com
o a latina2030847@hotmail.com